Desde niños nos enseñan el poder del bien sobre el mal, nos enseñan a no quitarle los caramelos al niño que esta a tu lado, a no tirarle del pelo a ese chico que te gusta, desde niños nos inculcan que los buenos valores son los que perviven y que el mal siempre termina perdiendo la batalla.
Pero al cabo de los años nos vamos dando cuenta de que eso es mentira.
Que si no le quitamos ese caramelo al niño nunca nos lo hubiera ofrecido, que si no le tiramos del pelo a ese chico que tanto nos gustaba, jamás hubiéramos descubierto que era un cabrón que estaba pensando en la manera de pegarnos un chicle en el pelo, descubrimos que las buenas hazañas son las que más pronto se olvidan y que el bien es el verdadero perdedor de la historia.Todos y cada uno de nosotros sabemos que, en el fondo, lo más económico, para no malgastar lágrimas, y lo más sano, para no sentir nada por nadie, es la maldad…
Claro que también sabemos que el ser humano es el único ser vivo que tropieza dos veces en la misma piedra y que gracias a ese chicle en el pelo has conocido al “cabrón” con el que quieres pasar el resto de tu vida.
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